Buenos hábitos que alargan la vida

Come bien y haz ejercicio… y tu salud te lo agradecerá. Elimina de tu dieta aquellos alimentos que tengan mucha grasa, exceso de azúcar o sal en abundancia. Todo esto perjudica a tu salud cardiovascular: echa un vistazo a estos 10 consejos para mantener un corazón sano y fuerte.

¿Cuidarte más forma parte de tus fines otra vez año? Si comes bien, de todo, equilibrado y sin abusar tu cuerpo te lo va a agradecer. Y si además le añades un poco de entrenamiento del cuerpo, como, entre otras cosas caminar a buen ritmo a lo largo de media hora, mejor.

Todo influye para que te sientas mejor.

No tiene que ver con ponerte a dieta, ni machacarte en el gimnasio, solo hay que utilizar el sentido saludable.

¿Quieres una salud cardiovascular de 10? Aquí tienes 10 buenos consejos para poner en práctica: verás los resultados en seguida, por eso nos encontramos seguros de que nos lo agradecerás y tu corazón más.

huevos

Los 10 top hábitos

  • 1. Pierde peso. La obesidad está completamente desaconsejada. Lo sustancial es adecuar la ingesta calórica para evadir el sobrepeso. De hecho, se vió que una reducción de peso de un 10% tiene efectos positivos en la reducción de los escenarios de colesterol sanguíneo.
  • 2. No a las grasas saturadas. La industria alimentaria, en continua originalidad, nos da un sinfín de productos bajos en grasa. A priori, esta oferta podría parecer ideal para nuestro bienestar cardiovascular, pero no en todos los casos son la alternativa más saludable. Pueden ser un comodín para un instante puntual, pero lo mejor es evadir todo producto procesado y basar nuestra nutrición en productos frescos. El consumo de grasas saturadas incrementa los escenarios de colesterol LDL, en tanto que el de grasas poliinsaturadas (presentes en los pescados y en los aceites de semillas), decrece el colesterol total. En cambio el de grasas monoinsaturadas, como el aceite de oliva, incrementa los escenarios sanguíneos de colesterol HDL, que tiene un efecto asegurador. Entonces, no se debe remover las grasas de la dieta sino prestar particular atención al tipo de grasa: más calidad y menos cantidad.
  • 3. Ni azúcar, ni endulzante. La obesidad está relacionada con el consumo elevado de azúcares agregados, entonces, es sustancial bajar lo verdaderamente viable su consumo. La alternativa de sustituirlo por endulzante no es lo destacado, sino educar nuestro paladar a un gusto menos dulce. Nuestro consejo, es que elijas los productos con el menor contenido en azúcar viable (y sin edulcorantes) y en la situacion de consumirlos, reducirlos a los instantes particulares. ¿Has probado a ponerte menos azúcar en el café?
  • 4. Sal, mejor no. El consumo elevado de sal estimula el incremento de la tensión arterial. La hipertensión exigirá un esfuerzo plus al corazón, que a la extendida te va a pasar factura. Piensa que también de la sal que añadimos a nuestros platos hay que agregar la que llevan los comestibles de por sí. Por eso lo mejor es que te olvides del salero. Prueba a sazonar tus platos con especias y hierbas aromáticas.
  • 5. Carne o pescado. Nuestra dieta es ya de por sí muy rica en proteínas, entonces, no es requisito que consumas día tras días carne o pescado. Recuerda la extensa variedad de productos frescos de origen vegetal que tienes a tu disposición, frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. No obstante, en el momento de escoger entre carne o pescado, el pescado tiene menor contenido en grasa y mejor perfil lipídico (tipo de grasa). El pescado azul es básico para proteger tu corazón.
  • 6. Coloca huevos a tu dieta. No tienes que limitarte a 3 por semana, puedes tomar más, aunque presta atención a la forma de prepararlos e impide los fritos. Hace unos años que por norma establecida, los huevos se eliminaban de la dieta de la gente con el colesterol sanguíneo prominente, pero en la actualidad, se ha comprobado que el colesterol alimentario tiene una predominación mínima sobre el colesterol sanguíneo.
  • 7. ¿Todo a la plancha? No. Lo sustancial es que las comidas no sean monótonas, tienen que tener gusto y ser apetecibles. Hay muchas técnicas de cocina que aceptan elaborar los comestibles con poca grasa: plancha, hervido, vapor, papillote, asado, braseado y también crudo.
  • 8. Vasito de vino. El alcohol, una vez ingerido, es absorbido de manera rápida por nuestro cuerpo. La sangre traslada hasta el hígado el etanol y, en menor medida, el metanol, donde se metabolizan hasta transformarse en sustancias de las que se consiguen calorías “vacías” (7 kcal por gramo de alcohol consumido), oséa, calorías que solo ofrecen energía y no tienen ningún valor nutritivo añadido. El alcohol, para entendernos, engorda, y no nutre. Y como todo, jamás beber en exceso.
  • 9. ¿Los comestibles funcionales, trabajan? Eso es lo que nos quiere intentar creer la industria alimentaria. Agregan nutrientes a sus productos para que sean ricos en esteroles vegetales o en omega-3 para achicar el colesterol sanguíneo. Pero si no cambias tus pautas de vida (dieta y actividad física) lo exclusivo que vas a conseguir es tirar el dinero a la basura. Lo que sí trabaja es llevar una nutrición servible basada más que nada en la dieta mediterránea.
  • 10. Ejercicio físico. Si no te gusta, no es requisito que te apuntes a un gimnasio, lo sustancial es que te muevas más para beneficiarte de los efectos positivos que tiene la educación física. Por eso, en funcionalidad de tu estado físico, disponibilidad, opciones y presupuesto puedes comenzar algún deporte, apuntarte a un gimnasio o salir a caminar día tras días. Tú eliges. Si sales acompañado va a ser más entretenido.